Talla baja para la edad no es sinónimo de desnutrición

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Recibido: 23 ene 2026

Aceptado: 6 feb 2026

Disponible en línea: 1 may 2026

Copyright © 2026 por autores y Revista Biomédica.

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*Autor para correspondencia:

Hugo Santiago Azcorra Pérez,

Centro de Investigaciones Silvio Zavala, Universidad Modelo. Antigua carretera a Cholul s/n a 200 m del Periférico Norte, C.P. 97305, Mérida, Yucatán, México.

Teléfono: +52 9999 3019 00

ORCID:https://orcid.org/0000-0002-3381-9341

E-mail: hugoazpe@hotmail.com

https://revistabiomedica.uady.mx

La evaluación nutricional y del estado de crecimiento en niños y adolescentes es una tarea importante para especialistas en nutrición y pediatría porque permite describir el estado de salud de individuos y poblaciones y tomar decisiones sobre intervenciones.

El crecimiento lineal es un indicador importante que informa sobre la historia nutricional de los individuos; su evaluación en un grupo de individuos o población se basa en la comparación de medidas antropométricas con las referencias o estándares de crecimiento más apropiados para la población estudiada. Por definición, la talla baja expresa la estatura individual por debajo de lo esperado para la edad y sexo, a partir, usualmente, de un valor estadístico basado en la distribución de los datos usados en la referencia o patrón de crecimiento. Así, la Organización Mundial de la Salud (OMS) propone el punto de corte de -2 desviaciones estándar. Los estudios disponibles muestran de forma sistemática que la proporción de niños con talla baja incrementa en poblaciones socioeconómicamente desfavorecidas como las de los indígenas, grupos urbanos en condiciones de pobreza material y migrantes.

Por su parte, la desnutrición describe una condición física y a menudo patológica, en la que las reservas energéticas del cuerpo (grasa y músculo) y de nutrientes se han perdido en un grado importante. La determinación de desnutrición aguda o crónica depende de la evaluación de varios indicadores clínicos, antropométricos y bioquímicos, como niveles de albúmina, linfocitos, transferrina y micronutrientes en sangre. Si el déficit nutricional ha sido prolongado y severo durante la infancia o niñez, el crecimiento lineal se verá afectado de forma crónica.

A pesar de las diferencias obvias entre estas condiciones, es común encontrar en la jerga académica el uso de estos términos como sinónimos. Inclusive, la OMS considera a la talla baja como una forma de desnutrición crónica (1). Este trabajo presenta mi postura acerca del uso de estos términos en el contexto de la evaluación del crecimiento físico en población pediátrica.

Desde mi punto de vista, la confusión en el uso de estos términos radica en torno a dos preguntas que han dado lugar a recientes debates en la arena de la biología humana (2-4): 1) ¿Existe una estatura normal o tamaño óptimo a lo largo del proceso de crecimiento? y 2) ¿Es el crecimiento resultado exclusivo de la nutrición? El crecimiento físico es un proceso complejo en el que intervienen distintos factores bioculturales: características genéticas, ambiente intrauterino, contexto socioemocional al que estuvo expuesto el niño durante los primeros años de vida posnatal, ejercicio y nutrición. Si las condiciones que rodearon al individuo o grupo en etapas críticas del crecimiento fueron favorables, se considera que las características antropométricas reflejan un crecimiento normal. Sin embargo, resulta inapropiado hablar de un crecimiento óptimo en términos operativos; los criterios de talla baja o retraso en el crecimiento, propuestos por instancias como la OMS, National Center for Health Statistics y Centers for Disease Control and Prevention (ambos de Estados Unidos), están basados en puntos de corte estadísticos carentes de respaldo biológico. Estos criterios no distinguen a niños que experimentaron retraso en el crecimiento de aquellos que no, únicamente describen la distribución de los datos de crecimiento en un conjunto de individuos.

Nuestra especie, como muchas otras, es altamente plástica, es decir, es eficiente para llevar a cabo ajustes fisiológicos ante variaciones en factores ambientales como la nutrición, enfermedades infecciosas y ambiente socioemocional. Cuando las condiciones ambientales son desfavorables, el organismo prioriza la formación y maduración de órganos y sistemas que garantizan la supervivencia y eventual reproducción (sistema nervioso, maduración reproductiva y respuesta inmunológica). Además, la diversidad genética en las poblaciones genera una importante variabilidad en el crecimiento, lo que lleva a que una proporción considerable de individuos potencialmente clasificados con talla baja sea resultado de la variabilidad esperada en las poblaciones y no de condiciones adversas vividas durante su crecimiento. En este sentido, el estudio de Scheffler y colaboradores, con una muestra de 1,716 sujetos de 6 a 13 años de edad de Indonesia, muestra que niños clasificados con talla baja para la edad no presentaron signos visibles de desnutrición, como deficiencias de hierro y yodo, edema, irritabilidad y alteración de la respuesta inmunológica (5).

El efecto de la nutrición en el crecimiento es innegable, pero, cuando se estudia o evalúa el estado de crecimiento de comunidades, el papel de factores sociales, económicos y políticos resulta ser más importante en el moldeo del estado de crecimiento. Es decir, la talla promedio de los individuos de una población determinada es el reflejo de las condiciones sociales, económicas y políticas que prevalecen o han prevalecido en generaciones previas. Estos determinan la calidad de los cuidados y afecto que reciben los niños. Por lo tanto, la relación entre talla baja y desnutrición en el análisis de grupos, comunidades no es directa ni lineal.

¿Cuál es entonces el uso apropiado de estos términos? Determinar la talla baja resulta útil en un grupo, pero carece de valor al usarla en la evaluación individual, ya que tiene poca utilidad como herramienta diagnóstica. Conocer la proporción de individuos con talla baja en una población o muestra permite conocer de forma general las condiciones del estado de crecimiento y de la calidad del ambiente que rodea al grupo. Si las mediciones antropométricas fueron tomadas usando la misma técnica y se emplea la misma referencia de crecimiento, la comparación de las proporciones de talla baja entre dos poblaciones es útil para conocer la magnitud del efecto de factores ambientales. Sin embargo, no es apropiado hablar de desnutrición, pues es necesario tener resultados de pruebas clínicas y/o bioquímicas específicas que indiquen este estado con características bien definidas. El uso inapropiado de estos términos puede potencialmente generar preocupación y angustia en los padres o tutores de los niños cuando se entregan resultados de la evaluación del crecimiento en proyectos de investigación o tareas de atención para la salud en grupos o poblaciones vulnerables. Más aún, el uso erróneo del diagnóstico de desnutrición como criterio para una intervención nutricional, puede tener efectos negativos a corto y largo plazo en la salud de los individuos.

Hugo Santiago Azcorra Pérez

Centro de Investigaciones Silvio Zavala, Universidad Modelo, Mérida, Yucatán, México.

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3381-9341

REFERENCIAS

  1. World Health Organization. Child malnutrition: stunting among children under 5 years of age. https://www.who.int/data/gho/indicator-metadata-registry/imr-details/72
  2. Thompson AL. What is normal, healthy growth? Global health, human biology, and parental perspectives. Am J Hum Biol. 2021 Sep;33(5):e23597. http://doi:10.1002/ajhb.23597
  3. Perumal N, Bassani DG, Roth DE. Use and misuse of stunting as a measure of child health. J Nutr. 2018 Mar 1;148(3):311-315. http://doi:10.1093/jn/nxx064
  4. Zemel BS. From growth charts to growth status: how concepts of optimal growth and tempo influence the interpretation of growth measurements. Ann Hum Biol. 2023 Feb;50(1):236-246. http://doi:10.1080/03014460.2023.2189751
  5. Scheffler C, Hermanussen M, Bogin B, Liana DS, Taolin F, Cempaka PMVP, et al. Stunting is not a synonym of malnutrition. Eur J Clin Nutr. 2020 Mar;74(3):377-386. http://doi:10.1038/s41430-019-0439-4