Componentes bióticos como alternativa para el mejoramiento de las enfermedades dermatológicas. Revisión descriptiva
Janet Jan-Roblero,* Brenda Sofía Loaeza-Cruz, Paola Aguilar-Fortanell, Luis Fernando Hernández-Santos.
Departamento de Microbiología, Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, Instituto Politécnico Nacional, Prolongación de Carpio y Plan de Ayala s/n, Col. Santo Tomás, Miguel Hidalgo, Ciudad de México 11340, México.
Historial del artículo
Recibido: 16 sep 2025
Aceptado: 11 mar 2026
Disponible online: 1 may 2026
Palabras clave
Piel, microbiota, disbiosis, probióticos, prebióticos, postbióticos, productos dermatológicos.
Keywords
Skin, microbiota, dysbiosis, probiotics, prebiotics, postbiotics, dermatological products.
Copyright © 2026 por autores y Revista Biomédica.
Este trabajo está licenciado bajo las atribuciones de la Creative Commons (CC BY).
http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/
*Autor para correspondencia: Dra. Janet Jan-Roblero, Departamento de Microbiología, Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, Instituto Politécnico Nacional, Prolongación de Carpio y Plan de Ayala s/n, Col. Santo Tomás, Miguel Hidalgo, Ciudad de México 11340, México .
Teléfono: +52 55 57296000 ext. 62361.
ORCID: https://orcid.org/0000-0001-6177-0189
E-mail: jjanr@ipn.mx
https://revistabiomedica.uady.mx
abstract
Biotic components as an alternative for the improvement of dermatological diseases. Descriptive review
The skin is the largest and most extensive organ in the human body and forms the boundary between the individual and their environment. The skin’s microbiota is closely linked to it and plays various roles in dermatological health. Skin dysbiosis, characterized by changes in the diversity and quantity of microorganisms, leads to skin diseases. Over the past decade, there has been a significant increase in the number of patients presenting with skin disorders resulting from dysbiosis. Furthermore, it has been suggested that biotic components can restore skin dysbiosis. The objective of this review is therefore to analyze the effect of such components, including probiotics, prebiotics, symbiotics, and postbiotics, in counteracting skin dysbiosis and restoring the skin microbiota. Studies published in PubMed, SciELO and Google Scholar between 2020 and 2025 were included in the search, using the keywords “biotic components” and “dermatological diseases” in English or Spanish. This descriptive review examined biotic components incorporated into dermatological products to treat conditions such as acne, atopic dermatitis, seborrheic dermatitis, rosacea, psoriasis and skin cancer. In conclusion, dermatological products fortified with probiotics, prebiotics and/or postbiotics offer therapeutic potential for treating skin conditions and improving skin aesthetics.
RESUMEN
La piel es el órgano más grande y extenso del cuerpo humano y delimita el espacio del individuo con su entorno. La microbiota cutánea mantiene una estrecha relación con la piel y desempeña diversas funciones para la salud dermatológica. La disbiosis cutánea es el desequilibrio de la microbiota en el que se modifican la diversidad y la cantidad de microorganismos, lo que ocasiona enfermedades cutáneas. En la última década, se ha observado un aumento significativo en el número de pacientes con alteraciones cutáneas como consecuencia de la disbiosis. Por otra parte, se ha sugerido que los componentes bióticos pueden restablecer la disbiosis cutánea. Por tanto, el objetivo de esta revisión es analizar en profundidad el efecto de los componentes bióticos, como los probióticos, prebióticos, simbióticos y postbióticos, para contrarrestar la disbiosis cutánea y restablecer la microbiota cutánea. En la búsqueda se incluyeron estudios publicados en los últimos cinco años (de 2020 a 2025) en PubMed, SciELO y Google Scholar, con las palabras clave “componentes bióticos” y “enfermedades dermatológicas”, en inglés o español. En esta revisión descriptiva se examinaron los componentes bióticos incorporados en algunos productos dermatológicos para mejorar afecciones cutáneas como el acné, la dermatitis atópica, la dermatitis seborreica, la rosácea, la psoriasis e incluso el cáncer cutáneo. En conclusión, algunos productos dermatológicos enriquecidos con probióticos, prebióticos y/o postbióticos ofrecen una perspectiva terapéutica para tratar afecciones cutáneas y mejorar la estética de la piel.
INTRODUCCIÓN
La microbiota cutánea está integrada por aproximadamente 39 billones de microorganismos, principalmente por los géneros bacterianos Corynebacterium y Staphylococcus, y en menor proporción por Micrococcus spp., Acinetobacter spp., Proteus spp., Enterobacter spp., Klebsiella spp., Pseudomonas spp., Peptostreptococcus spp. y Escherichia coli (1). Dentro de la población fúngica cutánea destacan levaduras como Candida (C.) albicans, Malassezia (M.) globosa, M. furfur, M. restricta, Rhodotorula y hongos filamentosos como Trichosporon spp. (2, 3). Además, los ácaros Demodex (D.) folliculorum (ácaro del folículo) y D. brevis son considerados parte de la microbiota residente (3).
La disrupción de la microbiota cutánea ocurre cuando hay un desequilibrio en la abundancia y/o la diversidad de microorganismos, lo que se asocia con enfermedades o afecciones inflamatorias cutáneas, tales como dermatitis seborreica, psoriasis, acné, rosácea, vitíligo, entre otras. Se ha reportado que diferentes factores disminuyen la diversidad microbiana, como la exposición a cortisol y la ingesta excesiva de antibióticos (4, 5). Algunos estudios han demostrado que la microbiota cutánea favorece la función adecuada del sistema inmunológico (6). Además, la estabilidad de la microbiota está influenciada por factores fisiológicos, como la temperatura, la humedad, los nutrientes y las sustancias inhibidoras; estos factores afectan la estabilidad de la microbiota cutánea y favorecen una disbiosis (7).
Por otro lado, la piel es un órgano de protección, contención y sensorial del medio ambiente, y como todos los órganos del cuerpo humano, está en comunicación con los demás órganos, por ejemplo, con el cerebro y el intestino. En las últimas décadas se ha demostrado que existe un eje de comunicación entre el intestino y la piel, y el elemento conector entre ellos es la microbiota intestinal (8). En condiciones normales, la microbiota intestinal no afecta la permeabilidad intestinal porque las moléculas producidas por los microorganismos no pueden atravesar la membrana intestinal y, por tanto, no ejercen algún efecto sobre esta (Figura 1A). Sin embargo, cuando ocurre una disbiosis intestinal, hay pérdida de la permeabilidad intestinal; los enterocitos del intestino dejan pasar moléculas del lumen intestinal hacia el sistema circulatorio. Estas moléculas pueden llegar al cerebro o, de forma directa, a la piel; el cerebro reacciona con mensajes dirigidos a la piel que provocan alteraciones en la estabilidad cutánea; o las moléculas que provienen del intestino pueden ser antígenos que activan las células inmunes residentes de la piel y, finalmente, generar una inflamación cutánea (Figura 1B).

Figura 1. El eje intestino-piel. La microbiota intestinal puede influir en la microbiota de la piel. A) En un estado normal, la microbiota intestinal no afecta la permeabilidad intestinal. Así, las moléculas producidas por los microorganismos no pueden atravesar el intestino, por lo tanto, no tienen efecto sobre la microbiota de la piel, existiendo un equilibrio entre ambos órganos. B) Cuando existe una disbiosis intestinal, los microorganismos patógenos incrementan su población y provocan una pérdida de permeabilidad intestinal; en ese momento, las moléculas producidas por estos microorganismos pueden cruzar la barrera intestinal y alcanzar el sistema circulatorio. Estas moléculas pueden llegar a la piel y provocar una disbiosis cutánea, lo que activa el sistema inmune residente de la piel, con la activación de las células inmunes y el desencadenamiento de una inflamación cutánea. Figura creada con BioRender.com.
La microbiota como componente biótico
La microbiota del cuerpo humano es la principal fuente para el aislamiento de microorganismos con componentes bióticos. Los componentes bióticos incluyen los probióticos, prebióticos, simbióticos y postbióticos. En el caso de los probióticos, se consideran “microorganismos vivos que, al ser suministrados o ingeridos en cantidades adecuadas, proporcionan beneficios para la salud del hospedero”. El intestino es un órgano destacado por su microbiota, por lo que constituye una fuente importante para el aislamiento de probióticos, que han mostrado resultados clínicos favorables en casos de inflamación intestinal (colitis) e incluso para el control del cáncer intestinal (8, 9).
Entre los probióticos intestinales destacan los géneros Lactobacillus (L.) y Bifidobacterium (B.). En la actualidad, existen otros componentes bióticos, como los prebióticos, simbióticos y postbióticos, todos ellos con la finalidad común de modular la microbiota y promover la salud del huésped, aunque difieren en su composición, mecanismo de acción y nivel de intervención. El prebiótico es una sustancia o molécula cuyo propósito es promover el crecimiento de bacterias probióticas en el cuerpo humano; es decir, la formulación no se basa en microorganismos, sino en nutrientes que selectivamente favorecen el crecimiento de los probióticos presentes en un sitio u órgano (8, 10). Los simbióticos se definen como una mezcla de probióticos y prebióticos, formulada para propiciar el crecimiento y la viabilidad de bacterias probióticas, con la finalidad de mejorar el metabolismo y la microbiota del hospedero (9). Por último, los postbióticos comprenden metabolitos producidos por bacterias y pueden obtenerse tras una lisis celular (10, 11).
En los últimos años se han evaluado algunos productos dermatológicos que contienen componentes bióticos (principalmente probióticos) para el tratamiento de enfermedades cutáneas. Debido a la presencia del eje intestino-piel, el tratamiento de algunas enfermedades cutáneas se realiza mediante componentes bióticos en dos modalidades: intestinales (formulaciones para su ingestión) y tópicas (aplicadas a la piel). En la Figura 2 se exhiben ambas modalidades: A) probiótico ingerido por el paciente, lo que permite que los principios activos lleguen a las células y, de esta manera, produzcan los efectos deseados. En el intestino con disbiosis, la microbiota intestinal se restablece y la permeabilidad intestinal se estabiliza por el componente biótico; así, las moléculas liberadas por los microorganismos de la disbiosis no se introducirán en el sistema circulatorio. Como resultado, la piel enferma (acné, dermatitis atópica, dermatitis seborreica, rosácea, psoriasis, etc.) reduce la inflamación cutánea y se restablece su microbiota. B) El probiótico aplicado tópicamente consiste en aplicar el componente biótico directamente a la piel. El objetivo de ambas modalidades es restablecer la microbiota y reducir la inflamación asociada a las enfermedades mencionadas.

Figura 2. Los componentes bióticos en las enfermedades cutáneas. Las enfermedades cutáneas pueden tratarse con componentes bióticos, como probióticos, prebióticos, simbióticos o postbióticos, para mejorar las lesiones. El tratamiento se realiza a través del eje intestino-piel, en el que el componente biótico es ingerido por el paciente. A) En el intestino con disbiosis, el componente biótico restablece la microbiota intestinal y estabiliza la permeabilidad intestinal; así, las moléculas liberadas por los microorganismos de la disbiosis no serán introducidas en el sistema circulatorio. Como resultado de esto, la piel enferma [acné, dermatitis atópica (DA), dermatitis seborreica (DS), rosácea, psoriasis, etc.] reduce la inflamación cutánea y se restablece la microbiota de la piel. B) La otra vía de tratamiento consiste en aplicar el componente biótico directamente a la piel (tópica) para restablecer la microbiota y reducir la inflamación. Figura creada con BioRender.com.
Enfermedades dermatológicas
Actualmente, existen varios trabajos clínicos realizados en pacientes con enfermedades dermatológicas, en los que se han aplicado componentes bióticos con resultados prometedores. En la tabla 1 se mencionan algunos de los trabajos más relevantes.
A continuación, se describen brevemente algunas enfermedades dermatológicas, sus características y las opciones bióticas utilizadas o propuestas para su tratamiento, con el fin de proporcionar una visión completa y actualizada de los enfoques terapéuticos disponibles.
Acné
El acné es una patología asociada a la unidad pilosebácea que causa inflamación crónica, lesiones cutáneas y daños psicosociales. En el acné, hay proliferación excesiva de C. acnes y S. epidermidis por la disbiosis de la piel del paciente (28). El acné se asocia con la microbiota intestinal y cutánea a través del eje intestino-piel. En este sentido, se han realizado pruebas clínicas con probióticos de bacterias de origen intestinal, cuyo efecto ha sido el restablecimiento de la microbiota cutánea. Enseguida, se describen los tratamientos reportados en la bibliografía para el manejo de infecciones cutáneas por vía intestinal y por vía cutánea.
En un estudio en el que se administraron por vía oral L. rhamnosus y Arthrospira platensis a 81 pacientes españoles con acné de entre 12 y 30 años durante 12 semanas, se observó una reducción clínica y estadísticamente significativa (p = 0.03) de las lesiones de acné no inflamatorias en el grupo tratado con el probiótico (18.6%) en comparación con el grupo placebo (10.54%). Además, la proporción de pacientes que mejoraron según la escala global de gravedad del acné fue menor en el grupo placebo (20.58%) que en el grupo de probióticos (42.50%), con una diferencia estadísticamente significativa (p = 0.02) tras 12 semanas de tratamiento (29). En 45 pacientes femeninas de entre 18 y 35 años, la ingesta de una mezcla de probióticos de L. acidophilus, L. delbrueckii y B. bifidum durante 12 semanas mejoró significativamente las lesiones de acné en comparación con el grupo de control (p < 0.01) (30). En 70 pacientes de entre 12 y 39 años con acné leve a moderado, exceso de sebo en la cara y un índice de masa corporal normal (entre 18.5 y 24.9 kg/m²), al ingerir E. faecalis SL-5 durante 8 semanas, también mejoró la gravedad del acné (31). En 28 pacientes coreanos de entre 19 y 39 años, la ingesta de L. plantarum CJLP55, a una dosis de 1x10¹⁰ UFC, con maltodextrina y glucosa, durante 12 semanas, resultó beneficiosa para el estado clínico, la producción de sebo y la hidratación cutánea. El recuento de lesiones de acné se redujo significativamente en un 49.67% (p = 0.002) en los pacientes que ingirieron el probiótico en comparación con el grupo placebo
Tabla 1. Componentes bióticos utilizados en padecimientos dermatológicos y sus beneficios.
A.: Akkermansia; B.: Bifidobacterium; E.: Enterococcus; L.: Lacticaseibacillus; M.: Malassezia; R.: Roseomonas; Strep.: Streptococcus; S.: Staphylococcus.
(ingesta de maltodextrina y glucosa, sin L. plantarum CJLP55). Paralelamente, la gravedad del acné en los pacientes que ingirieron CJLP55 disminuyó significativamente en un 28.99% (p = ٠.009) en comparación con el grupo placebo (32).
En relación con la modalidad tópica, en un estudio con 45 pacientes femeninas de entre 18 y 35 años con acné de grado leve a moderado se les administró, de forma tópica, una combinación de L. acidophilus, B. bifidum y L. delbrueckii durante 12 semanas. El grupo A recibió suplementos de probióticos; el grupo B solo recibió minociclina (un antibiótico con actividad antimicrobiana contra C. acnes); y el grupo C recibió probióticos y minociclina. Al finalizar el tratamiento, se observó una disminución significativa del 67% en el número total de lesiones en el grupo C, con menos efectos secundarios que en los grupos A (p < 0.001) y B (p < 0.01) (8). En otro estudio, se registró una disminución del 30% en las lesiones inflamatorias tras 12 semanas de consumo diario de los probióticos L. bulgaricus y S. thermophilus (8). En un estudio molecular, se encontró que el probiótico L. rhamnosus regula la expresión de genes relacionados con la señalización de la insulina y reduce los niveles de IGF-1, una molécula que favorece la aparición de acné. Además, L. rhamnosus mejoró la función de la barrera cutánea y ejerció efectos antiinflamatorios (8, 12).
Las especies de los géneros Streptococcus, Lactococcus, Bifidobacterium y Lactobacillus producen bacteriocinas (postbióticos) con efectos antimicrobianos sobre el desarrollo de C. acnes, lo que mejora las lesiones del acné (13). Por otra parte, el probiótico S. thermophilus favorece la producción de ceramidas, que mejoran la hidratación cutánea, refuerzan la barrera epidérmica, disminuyen la inflamación y promueven un microbioma equilibrado en el tratamiento del acné. S. thermophilus refuerza el tratamiento del acné cuando se administra como coadyuvante, especialmente en formulaciones tópicas. También se reportó que la aplicación tópica de L. plantarum GMNL6 en quince pacientes con acné favorece la síntesis de colágeno en la piel e inhibe la proliferación de las bacterias S. aureus y C. acnes, por lo que resulta eficaz en el tratamiento del acné (12). El acné también se ha tratado mediante el uso de simbióticos. Se evaluó una formulación simbiótica compuesta por L. plantarum, manitol, ácido hialurónico y vitamina B1 en células de sebocitos humanos. Los resultados arrojaron una reducción significativa de las citocinas proinflamatorias (IL-1α, IL-6, IL-8), una disminución de la producción de sebo, así como una reducción de C. acnes y S. epidermidis. Por lo tanto, este simbiótico tiene un efecto antiinflamatorio e inhibitorio sobre las bacterias que promueven el acné (15).
Con respecto al tratamiento con postbióticos, la bacteriocina producida por E. faecalis CBT SL–5, en una formulación en forma de loción, disminuyó significativamente la inflamación de las lesiones cutáneas de los pacientes con acné hasta en un 60% tras 8 semanas de aplicación, en comparación con el grupo de control (sin tratamiento con el postbiótico). La bacteriocina producida por E. faecalis CBT SL5 ha demostrado ser eficaz contra C. acnes tras su aplicación durante 2 a 6 semanas (14).
Dermatitis atópica (DA)
Es una enfermedad inflamatoria crónica que se caracteriza por la aparición de eccema y prurito. La DA está asociada al eje intestino-piel, por lo que una disbiosis intestinal podría estar relacionada con su aparición. Concretamente, se ha observado que en los pacientes con DA predomina S. aureus en las lesiones cutáneas y Faecalibacterium prausnitzii en el intestino; esta última puede alterar la barrera intestinal, aumentando su permeabilidad, lo que conduce a la liberación de moléculas al sistema circulatorio. La presencia de estas moléculas en el sistema circulatorio estimula una respuesta inmunológica de tipo Th2 (considerada hipersensibilidad inmediata), caracterizada por un aumento de los niveles de inmunoglobulina E sérica total. Esta alteración del sistema inmune, provocada por la permeabilidad intestinal, afecta a la piel y, en sujetos susceptibles a la DA, induce la aparición o el inicio de la enfermedad. Los probióticos ayudan a controlar la hipersensibilidad y los síntomas clínicos, principalmente al estimular y activar las células T reguladoras (Treg; células que apagan o inactivan las células Th) y al producir citocinas antiinflamatorias que contrarrestan o suprimen la respuesta inmunológica mediada por las células Th1, Th2 y Th17 (33).
En un estudio realizado en Alicante, España, se administró por vía oral una píldora que contenía una mezcla de B. animalis CECT 8145, L. casei CECT 9104 y B. longum CECT 7347 (a 1x109 UFC/píldora) a 43 niños con edades entre 4 y 17 años durante 12 semanas, lo que resultó en una reducción significativa de la severidad de la DA, según el índice SCORAD. El índice SCORAD evalúa la intensidad de las lesiones cutáneas (eritema, pápulas, costras, excoriación, liquenificación y sequedad) y se expresa mediante una puntuación: cuanto mayor sea la puntuación, peor será la enfermedad, que va de cero (ausente) a cuatro (grave) (34). Se obtuvo un resultado similar en un metaanálisis que incluyó a 241 pacientes de origen asiático y europeo, mayores de 14 años (109 hombres y 132 mujeres). El estudio incluyó a 128 pacientes en el grupo de probióticos y a 113 en el grupo de placebo. Al término del estudio, se observó que el uso de probióticos mejoró el SCORAD (p < 0.00001) y la calidad de vida de los pacientes con DA (p = 0.02) en comparación con el grupo de placebo (35).
Por otro lado, el consumo diario por 12 semanas de 1x109 UFC/cápsula de B. lactis, B. longum y L. casei en 70 pacientes (de 4 a 17 años) redujo la gravedad de la DA y mostró una diferencia estadísticamente significativa entre el grupo de probióticos y el grupo de placebo (p = 0.04) (36). También se redujo la gravedad de la DA tras la administración de probióticos (Lactobacillus y Bifidobacterium) durante seis meses en 60 pacientes de entre 6 meses y 19 años con DA leve a grave en São Paulo, Brasil. La reducción del SCORAD en el grupo de probióticos persistió incluso tres meses después de interrumpir el tratamiento. Los pacientes del grupo de probióticos necesitaron inmunosupresores tópicos con menos frecuencia a los 6 y 9 meses tras el tratamiento con probióticos (37). Resultados similares se obtuvieron en un estudio con 100 pacientes de entre 6 y 36 meses de edad que ingirieron L. rhamnosus (1x1010 CFU/día) durante 12 semanas. Se observaron mejorías clínicas y en la calidad de vida en el grupo de probióticos en comparación con el grupo de placebo (p < 0.05). Además, se observó una modulación beneficiosa del microbioma intestinal y del microbioma cutáneo únicamente en los pacientes del grupo de probióticos (38).
La DA también puede tratarse de forma tópica o directa, sin implicar al intestino. La aplicación de una loción cosmética que contiene 0.3% de L. johnsonii tratado térmicamente (HT La1) dos veces al día durante tres semanas mostró beneficios contra la DA. En esta formulación, L. johnsonii actúa como un postbiótico, con componentes bioactivos que estimulan receptores del sistema inmunológico innato de la piel, como el TLR2. Esta activación promueve la expresión de genes implicados en la síntesis de péptidos antimicrobianos, especialmente de la β-defensina 2, lo que fortalece la defensa cutánea frente a bacterias como S. aureus. Además, mejora la integridad de la barrera cutánea al aumentar la producción de proteínas estructurales como la filagrina y la loricrina. Gracias a estas propiedades, este probiótico resulta muy útil en el manejo de la DA, ya que reduce la inflamación, mejora la barrera cutánea y restaura el equilibrio de la microbiota cutánea (16).
Cáncer de piel
Se trata de una enfermedad en la que las células crecen de manera descontrolada y cuyo origen es multifactorial, incluyendo traumas cutáneos crónicos, agentes ambientales, químicos, físicos (como la exposición a la luz UV) o biológicos (como las infecciones por el virus del papiloma humano) (12).
En ratones se han utilizado terapias inmunológicas con oligonucleótidos y regímenes de quimioterapia con platino. Se ha demostrado que una microbiota saludable favorece el tratamiento; de hecho, los ratones con una microbiota intestinal sana presentaron una mayor eficacia del tratamiento en comparación con los ejemplares con una microbiota limitada. La microbiota comensal podría condicionar la respuesta eficaz de las células mieloides innatas asociadas al tumor frente al cáncer al modular su diferenciación y activar vías como las de los TLR y STING, que potencian la presencia de antígenos, la producción de interferones tipo I y la actividad antitumoral de las células dendríticas y los macrófagos (39).
Algunos ácidos lipoteicoicos de L. rhamnosus pueden frenar el desarrollo del carcinoma de células escamosas y disminuir el daño causado por la luz UV (17). S. epidermidis es un miembro de la microbiota cutánea y, aunque no se considera un probiótico, ciertas cepas de esta bacteria producen 6-N-hidroxiaminopurina, una molécula que inhibe la ADN polimerasa y limita la proliferación de células tumorales, lo que detiene el avance de los melanomas (18). Por lo tanto, S. epidermidis podría considerarse un probiótico cutáneo emergente o un bacterioterapéutico tópico (8, 17). Además, los probióticos que contienen L. acidophilus, L. casei y B. longum presentan fuertes propiedades antitumorales al inducir la apoptosis, especialmente cuando se combinan con agentes quimioterapéuticos (8).
En cuanto a los prebióticos, se ha reportado que el consumo de inulina y mucina favorece el crecimiento de Bifidobacterium spp. y A. muciniphila, bacterias que inhiben el desarrollo del melanoma al activar respuestas inmunológicas con efecto antitumoral, como la estimulación de linfocitos T citotóxicos y la modulación de citoquinas proinflamatorias que favorecen la eliminación de células tumorales (20).
Dermatitis seborreica (DS)
La dermatitis seborreica (DS) es una enfermedad inflamatoria de la piel, de evolución crónica y recurrente, que se caracteriza por lesiones eritematoescamosas de apariencia oleosa, acompañadas de prurito y enrojecimiento en zonas corporales con alto contenido de glándulas sebáceas. Los agentes etiológicos de este padecimiento son M. furfur y M. globosa (40). En su manifestación influyen la predisposición genética, la disbiosis de la barrera cutánea, el estado de inmunosupresión y factores ambientales que propician el crecimiento excesivo de Malassezia spp., que interactúa con los queratinocitos y metaboliza los ácidos grasos libres, desencadenando así la descamación y la respuesta inflamatoria que caracterizan la patogénesis de esta enfermedad (41).
Se tiene conocimiento de que la microbiota cutánea está estrechamente relacionada con la secreción de sebo y que la disminución de las poblaciones de Lactobacillus y Bifidobacterium propicia el desarrollo de enfermedades en las glándulas sebáceas, como la DS. El género Lactobacillus establece interacciones con otros microorganismos de la superficie del cabello y del cuero cabelludo, lo que sugiere que su aplicación tópica o su ingesta puede contrarrestar la disbiosis de la microbiota cutánea (27).
Recientemente, se evaluó la eficacia del prebiótico herbal Triphala en el tratamiento de la DS. Triphala es una mezcla de las plantas medicinales Phyllanthus emblica L., Terminalia chebula Retz. y Terminalia belerica. Es rico en polifenoles, ácido gálico y quercetina, que promueven el crecimiento de Lactobacillus y Bifidobacterium, y está suplementado con un inmunomodulador. En el ensayo clínico participaron 94 pacientes, a quienes se les administraron dos cápsulas de 1 g de Triphala dos veces al día, después de los alimentos, durante ocho semanas. Al finalizar el tratamiento, se observó una disminución del 25% en la producción de sebo en el cuero cabelludo de los pacientes tratados, en comparación con el grupo placebo. En dicho estudio se concluyó que el uso del prebiótico Triphala constituye una opción terapéutica para la DS. El único efecto adverso reportado fue el estreñimiento en tres pacientes, que se resolvió tras ingerir agua tibia en ayunas (27).
Además, existen tratamientos tópicos, como el estudio en el que se utilizó un champú que contenía el postbiótico L. plantarum GMNL-6 (1x10⁹ UFC/g de crema), inactivado por calor. El estudio se realizó en Taiwán e incluyó a 22 pacientes de entre 30 y 45 años (8 hombres y 14 mujeres) que utilizaron un champú con postbiótico durante 5 meses. Posteriormente, se midieron las condiciones de su cuero cabelludo, incluidas la secreción de sebo, la formación de caspa y el crecimiento del cabello. El ensayo demostró una disminución de la caspa y de la secreción de aceites, así como un aumento del crecimiento del cabello, con respecto al grupo control, tras el uso de un champú que contenía GMNL-6 inactivado por calor (p < 0.05). También se observó una mayor abundancia de M. globosa y una menor de M. restricta y C. acnes (24). Además, en otro estudio en el que se utilizó un champú que contenía B. lactis CCT 7858 en 33 pacientes durante cuatro semanas de tratamiento, se observó una disminución significativa del prurito, la descamación y la grasa en el grupo tratado con B. lactis en comparación con el grupo de placebo (p < 0.05) (42).
Rosácea
Es una enfermedad inflamatoria que provoca eritema, pápulas, engrosamiento de la piel, hiperplasia de las glándulas sebáceas, conjuntivitis, chalazión y blefaritis. El tratamiento de esta enfermedad crónica representa un gran desafío; entre las opciones terapéuticas se encuentra la administración de oroxilina A, que tiene acción antiinflamatoria sobre las lesiones cutáneas y reduce el infiltrado de células inmunitarias (43, 44).
Los probióticos se han empleado en el tratamiento de la rosácea para reducir la inflamación neurogénica, mejorar la barrera cutánea, inducir su restauración y disminuir la vasodilatación, el edema y la degradación de moléculas proinflamatorias, como los mastocitos y el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) (43). En un estudio realizado en Hohhot, China, se analizó el efecto combinado de la suplementación oral con probióticos y de la doxiciclina en el tratamiento de la rosácea. El estudio incluyó a 60 pacientes (23 hombres y 37 mujeres) con rosácea. Los pacientes se dividieron en tres grupos: grupo probiótico, grupo de control y grupo placebo. Todos los participantes recibieron inicialmente un tratamiento de 2 semanas con clorhidrato de doxiciclina. Tras el tratamiento inicial con el antibiótico, el grupo probiótico recibió un suplemento probiótico mixto de 2 g diarios durante 3 meses. El probiótico consistió en L. paracasei, L. plantarum P-8, L. rhamnosus Probio-M9, B. animalis subsp. lactis V9, y B. animalis subsp. lactis Probio-M8. El grupo de control estaba compuesto por pacientes con rosácea que no recibieron ningún tratamiento adicional tras la doxiciclina inicial. El grupo de placebo recibió una cantidad equivalente de placebo inactivo, compuesto por maltodextrina, durante tres meses. Los resultados se evaluaron mediante los cambios en la puntuación de la evaluación global del médico, así como en las evaluaciones de los parámetros cutáneos faciales, que incluían la hidratación del estrato córneo, el nivel de sebo y los niveles séricos de las citocinas IL-8 y TNF-α. Los hallazgos respaldan el potencial de los probióticos como terapia complementaria prometedora para tratar la rosácea y mejorar la salud de la piel, ya que se observó una reducción significativa de los marcadores inflamatorios IL-8 y TNF-α en el grupo probiótico, en comparación con los grupos placebo y control (p < ٠.05) (45).
Fotoenvejecimiento
Se trata del envejecimiento prematuro de la piel causado por la exposición prolongada a la radiación UV (46). Se sabe que B. breve disminuye la pérdida de agua transepidérmica, modula el engrosamiento epidérmico, minimiza el daño de la membrana basal de las uniones estrechas y reduce la producción de IL-1β (citocina producida durante la exposición a la radiación UV). Recientemente, se demostró el papel protector del aislado B. breve B-3 frente al daño cutáneo por UV mediante su administración durante siete semanas. Además, L. acidophilus disminuye las metaloproteinasas de la matriz y promueve la desaparición de las arrugas finas al estimular la producción de colágeno (47).
Psoriasis
La enfermedad es de carácter crónico e inicia con alteraciones del sistema inmunitario que estimulan la proliferación de los queratinocitos, lo que provoca un aumento de la epidermis (placas psoriásicas), que a su vez desencadenan inflamación, prurito, irritación e incluso dolor e hinchazón (48).
En un estudio en el que participaron 26 hombres y mujeres de entre 18 y 60 años, con placas psoriásicas crónicas de leves a moderadas, se observó que la ingesta de B. infantis 35624 durante 6‒8 semanas redujo los niveles absolutos de la proteína C reactiva en comparación con el grupo placebo (p = 0.0425) (49). Por otro lado, se ha informado de que B. infantis reduce la inflamación cutánea asociada a la psoriasis y refuerza el sistema inmunitario (48). Asimismo, la ingesta de una mezcla de simbióticos de L. sporogenes y de biotina redujo el riesgo de psoriasis en una mujer de 47 años (50). Otro probiótico benéfico para la piel con psoriasis es L. paracasei, que reduce la hiperproliferación de queratinocitos y ayuda a disminuir la inflamación cutánea. Este probiótico se administra por vía oral, una cápsula cada 12 horas durante 8-12 semanas (51).
Además, entre las opciones de tratamiento para la psoriasis se incluyen la fototerapia y la terapia tópica con corticosteroides o con análogos de vitamina D (52).
Candidiasis cutánea
Se trata de una infección causada por la levadura C. albicans que afecta la epidermis y la dermis (53). Otro tipo de candidiasis cutánea es la dermatitis del pañal en bebés, que afecta la zona íntima de la piel y la ingle, provocando rozaduras. La candidiasis también afecta a pacientes con diabetes mellitus tipo I y tipo II, así como a pacientes con VIH (54). Además, afecta a pacientes hospitalizados durante sus estancias prolongadas, en las que comúnmente contraen infecciones intrahospitalarias (23).
Actualmente se dispone de prebióticos, como los fructooligosacáridos y la inulina, que ayudan a inhibir la candidiasis cutánea al actuar como coadyuvantes, en combinación con el probiótico L. acidophilus, para mejorar la microbiota de la piel. La dosis recomendada es de 3 a 10 g/día durante al menos 4 semanas para obtener el efecto deseado (55).
Alopecia
Esta enfermedad provoca la pérdida de cabello en el cuero cabelludo y en otras zonas como las pestañas, la barba, la zona genital y las axilas. La causa más común de este padecimiento es hereditaria, pero también pueden provocarlo los desequilibrios hormonales y el estrés (56). Los probióticos pueden desempeñar un papel importante en la salud capilar al mejorar la absorción de nutrientes esenciales para el cabello. En un estudio con 30 mujeres de 30 a 48 años, la ingesta diaria de L. lactis H61 (60 mg) durante ocho semanas mejoró el folículo piloso y la hidratación cutánea (57).
El probiótico VR6 contiene cepas de L. plantarum (CECT 30102 y CECT 30103) y de L. pentosus (CECT 30104), mezcladas con D-biotina. El VR6 es un complemento alimenticio que mantiene el cabello saludable, mejora la absorción de biotina y reduce la caída del cabello. La dosis recomendada del probiótico VR6 consiste en tomar una cápsula al día durante al menos cuatro semanas (58).
CONCLUSIÓN
En los últimos años, el uso de prebióticos, probióticos o postbióticos ha cobrado gran importancia como factor clave para contrarrestar las alteraciones de la microbiota cutánea, no solo por sus múltiples efectos benéficos, sino también por su potencial como terapia alternativa en el tratamiento tradicional de afecciones crónicas inflamatorias de la piel abordadas en esta revisión. No obstante, a pesar de su gran relevancia en el campo de la dermatología, aún existe una divergencia debido a la falta de ensayos clínicos que permitan aumentar la robustez de su eficacia y bioseguridad y definir su aplicación como tratamiento de primera línea.
Declaración de conflictos de intereses
Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
Fuente de financiación
Los autores declaran que no existe ninguna fuente de financiación para esta investigación.
Agradecimientos
BSLC, PAF y LFHS agradecen a la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) por las becas para sus estudios de maestría.
JJR agradece sinceramente el apoyo prestado por el IPN a través de los patrocinios del Estímulo al Desempeño de los Investigadores y a la Comisión de Operación y Fomento de Actividades Académicas, así como al Sistema Nacional de Investigadores e Investigadoras del SECIHTI.
REFERENCIAS